Por qué Estados Unidos tiene las mejores universidades de investigación

Competencia, especialización, incentivos y recursos en la educación superior

Cuando comparamos la competitividad de diferentes países y regiones, uno de los aspectos que buscamos como determinante es su sistema de investigación, desarrollo, e innovación. Una de las piezas clave de este sistema es la investigación en la universidad y los mecanismos de transferencia de tecnología entre la universidad y la empresa. Y cuando, como en el caso de España, nos preguntamos qué aspectos deberíamos cambiar para mejorar nuestra posición como país, es inevitable mirar al sistema universitario americano.

En un artículo1 publicado el pasado diciembre 2020, W. Bentley MacLeod y Miguel Urquiola se preguntan de manera explícita por la razón de la superioridad de las universidades de investigación en los Estados Unidos. Soy consciente de que la respuesta que nos ofrecen no será del agrado de muchos, y debo confesar que a mí también me gustaría creer que podemos encontrar métodos menos darwinistas para crear la sociedad del futuro, pero para ello negarnos a la realidad tal como es no nos ayuda mucho. El artículo es lectura muy recomendable. Lo que sigue es un breve resumen de su introducción.

El rendimiento del sistema educativo de las diferentes naciones no es uniforme ni estático. Alrededor de 1875, Estados Unidos tenía niveles de escolaridad sustancialmente más altos que cualquier país europeo, pero esa brecha ha desaparecido en gran medida. Por el contrario, en esa misma fecha los Estados Unidos no contaban con ninguna de las principales universidades de investigación en el mundo. Hoy están la mayor parte de las mejor clasificadas.

Una forma de ilustrar el auge de las universidades de investigación en los Estados Unidos es contando el número de veces que se mencionan las universidades en las biografías de los ganadores del premio Nobel, asumiendo que las universidades que han formado o acogido como investigadores a los ganadores del Premio Nobel probablemente sean lugares atractivos para la investigación. Con las menciones asociadas con años concretos, por ejemplo, el año en que un ganador se graduó de una institución o se convirtió en profesor en otra, es posible crear una serie temporal que se remonta hasta el siglo XIX. La siguiente gráfica muestra que, según esta medida, alrededor de 1875 las universidades estadounidenses estaban muy rezagadas con respecto a sus homólogas europeas. En la actualidad están claramente por delante.

Frecuencia con la que las biografías de los ganadores del Nobel mencionan universidades en diferentes países. Años de graduación en o incorporación a la universidad de los laureados.

Muchos observadores citan los eventos que rodearon a la Segunda Guerra Mundial como el punto de inflexión en el desempeño de la universidad estadounidense. Por ejemplo, destacan la emigración de académicos judíos de Alemania a los Estados Unidos y el aumento de la financiación federal para la investigación. El énfasis en la Segunda Guerra Mundial es seductor porque destaca factores que seguramente fortalecieron a las universidades estadounidenses y aborda el relativo declive alemán que se observa en la gráfica.

Sin embargo, la figura muestra claramente que las universidades estadounidenses habían igualado o superado a las de la mayoría de los países mucho antes de la Segunda Guerra Mundial. Según los datos que sustentan la gráfica, en 1910 solo estaban por detrás de Alemania, y en 1920 por delante de todos los países. Por consiguiente, una explicación satisfactoria de la superioridad de la investigación de las universidades estadounidenses debe comenzar a fines del siglo XIX y debe involucrar factores distintos a los eventos de mediados del siglo XX en Europa.

Las reformas, de hecho, comenzaron después de la Guerra Civil con la mejora de los incentivos y los recursos que el sistema universitario estadounidense destina a la investigación. Estas reformas se beneficiaron de un enfoque de mercado “relativamente” libre para la educación superior.

En primer lugar, un modelo de agencia que se pregunta cómo las universidades pueden incentivar a los profesores a realizar investigaciones, y que destaca que incluso si una institución está comprometida con la investigación, su producción se beneficia de medidas de rendimiento de la investigación precisas. La precisión se ve reforzada por la especialización académica, en este caso, al organizar a los profesores en disciplinas.

En segundo lugar, la industrialización como factor determinante del interés de las universidades estadounidenses por la investigación y una mayor especialización. Con la industrialización, creció el interés por áreas que los planes de estudios universitarios esencialmente habían ignorado, como la ingeniería y los negocios.

Los intentos de reforma solo se materializan de manera decisiva cuando contribuyentes privados crean las universidades de Cornell en 1865 y Johns Hopkins en 1876. Ambas escuelas atrajeron a estudiantes con la ampliación de sus planes de estudio, al ofrecer una instrucción especializada y centrarse en la educación de posgrado. El MIT, Stanford, la Universidad de Chicago, la Universidad de California, Berkeley y varias universidades estatales que se beneficiaron de la cesión de terrenos públicos de la ley Morill de 1862, fueron otros de los primeros participantes. Instituciones bien establecidas, como Harvard y Columbia, respondieron a la competencia de estos nuevos entrantes creando sus propios departamentos especializados y escuelas profesionales.

En los EE. UU los instructores cualificados para enseñar currículos novedosos y especializados escaseaban y eran difíciles de identificar. Las escuelas comenzaron a competir por el talento ofreciendo salarios más altos, reducciones de la carga docente, años sabáticos y, a partir de 1920, comenzando en Princeton, plazas permanentes. Los investigadores sugieren que la titularidad de las plazas permanentes aumentó la productividad de la investigación institucional en parte porque los profesores titulares no necesitaban proteger sus puestos de trabajo tratando de evitar que se contratara a colegas con más talento.

A medida que crecía la oferta de grados especializados, los profesores fundaron asociaciones como la American Chemical Society (1877) y la American Historical Association (1884) y comenzaron a publicar revistas especializadas con procesos de revisión por pares de la calidad de la investigación previa a la publicación.

La matrícula abierta permitió el acceso a la universidad de un número creciente de estudiantes menos preparados, lo que comprometió la capacidad de las universidades para atender a las élites que habían sido sus clientes tradicionales. En 1919, Columbia implementó las admisiones selectivas, redujo el tamaño de las clases, exigió datos personales en los formularios de solicitud y denegó la admisión sin dar explicaciones. Todo esto, junto con el uso de pruebas estandarizadas como el SAT en 1926, permitió crear gradualmente grupos de estudiantes académicamente más fuertes. Los primeros en adoptar las admisiones selectivas desarrollaron redes de apoyo para sus exalumnos, que a su vez contribuían a la financiación de sus escuelas, lo que impulsó aún más la investigación y la instrucción especializada. Estas instituciones quedaron mejor posicionadas para obtener una parte muy sustancial del gran aumento de la financiación federal para la investigación que comenzó en la década de 1960.

En Europa, donde la educación superior se mantuvo financiada en su mayor parte por los gobiernos, se desalentó la entrada de nuevas universidades. Mientras las escuelas de los Estados Unidos crearon sistemas de clasificación de profesores y estudiantes a nivel nacional en competencia por el talento investigador, algunos países europeos, incluida Alemania, centraron sus recursos en preservar la igualdad entre escuelas. Muchos salarios de los profesores europeos se determinaron por rango y antigüedad en lugar de ser resultado de la evaluación interna y los esquemas de up or out (arriba o fuera) basados en la calidad de la investigación que prevaleció en los Estados Unidos.

En resumen, las mejores las universidades estadounidenses se beneficiaron de un círculo virtuoso que les brindaba recursos para invertir en investigación, que hizo posible comenzar a poder incentivarla de una manera eficaz, lo que a su vez permitió atraer mejores estudiantes y nuevas fuentes de financiación que podían dedicarse a financiar nuevas reformas y mejoras. En este ambiente de competencia, las escuelas que salieron derrotadas perdieron terreno, lo que creó la enorme desigualdad entre escuelas que es evidente en los Estados Unidos.

1

MacLeod, W. Bentley, and Miguel Urquiola. 2021. "Why Does the United States Have the Best Research Universities? Incentives, Resources, and Virtuous Circles." Journal of Economic Perspectives, 35 (1): 185-206. DOI: 10.1257/jep.35.1.185 (publicado previamente en NBER, enlace en el texto)

Imagen: Universidad de Cornell, Wikimedia Commons